Tendencia 2: El ruido en las organizaciones: El enemigo silencioso de las buenas decisiones

En los espacios donde se toman decisiones estratégicas dentro de las organizaciones, solemos asumir que profesionales experimentados llegarán a conclusiones similares cuando analizan la misma información.

Sin embargo, la realidad muchas veces muestra lo contrario. Ejecutivos igualmente competentes pueden interpretar los mismos antecedentes de manera muy distinta. Estas diferencias no siempre se explican por falta de información o de criterio, sino por un fenómeno ampliamente estudiado en la toma de decisiones: el ruido, es decir, la variabilidad en los juicios incluso cuando las condiciones de análisis son las mismas.

El psicólogo y Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman lo define como la variabilidad indeseada en los juicios y decisiones dentro de una organización. Un fenómeno silencioso que casi nunca se mide, pero que puede afectar profundamente la calidad de las decisiones empresariales.

La evidencia internacional confirma su impacto. Investigaciones publicadas por Harvard Business Review, junto con análisis de consultoras globales como McKinsey & Company, muestran que incluso en organizaciones altamente profesionales las decisiones pueden variar significativamente entre evaluadores que analizan exactamente los mismos antecedentes. Esta variabilidad no responde necesariamente a mejores análisis, sino muchas veces a diferencias en criterios implícitos, interpretaciones o contextos momentáneos.

En muchas corporaciones, además, se busca un consenso mal entendido. Se intenta alinear rápidamente las opiniones, cuando en realidad las diferencias pueden ser una fuente valiosa de análisis y aprendizaje.

Las organizaciones son, por naturaleza, ruidosas. Y en cierta medida deben serlo. El desafío está en distinguir cuándo el ruido aporta valor y cuándo se transforma en un problema.

Por ejemplo, cuando una empresa enfrenta desafíos estratégicos o busca soluciones innovadoras, es natural —e incluso deseable— que existan opiniones distintas entre los ejecutivos. En esos contextos, la diversidad de criterios enriquece el proceso de decisión.

Pero el ruido también aparece en espacios donde puede generar consecuencias importantes. Es frecuente verlo en distintas situaciones del mundo empresarial:

– Dos jefes que evalúan de forma muy distinta el desempeño de una misma persona.
– Gerentes que llegan a conclusiones opuestas frente a una misma inversión.
– Equipos comerciales que estiman de manera muy diferente el potencial de un cliente o producto.

Cuando esto ocurre, la organización comienza a operar con criterios distintos según quién tome la decisión. Y esas inconsistencias, con el tiempo, terminan impactando los resultados, la cultura interna y la asignación de recursos.

El objetivo, sin embargo, no es eliminar completamente el ruido (hacerlo podría llevar a organizaciones excesivamente rígidas, con baja capacidad de adaptación o innovación), más bien es identificar dónde la variabilidad es útil y dónde se transforma en un costo invisible para la empresa.

En general, la diversidad de criterios es positiva cuando se trata de explorar ideas, pensar estrategias o desarrollar nuevas soluciones. Pero en decisiones como la evaluación de desempeño, la aprobación de proyectos, la fijación de precios, la asignación de recursos o la evaluación de riesgos, la inconsistencia suele transformarse en un problema serio de gestión.

Las organizaciones que aprenden a diagnosticar y gestionar el ruido logran algo muy valioso: mantener diversidad de pensamiento donde se necesita creatividad y asegurar consistencia donde se juega el resultado del negocio.

En un entorno empresarial cada vez más complejo, mejorar la calidad de las decisiones puede convertirse en una de las mayores ventajas competitivas de una organización.

Documento elaborado por Gian Paolo Peirano.

Consultor de compliance Alta Gerencia de Deck&Partners.

Las 6 claves:

  1. La IA como fuerza transformadora del trabajo

La IA no es solo una herramienta operativa, sino un factor que potencia la productividad, la velocidad y la capacidad analítica del trabajo. McKinsey destaca su efecto de ‘superagencia’, al elevar las capacidades humanas, mientras que IgniteHCM señala que desplaza tareas rutinarias y libera a los líderes para enfocarse en estrategia, innovación y conducción de equipos.

  1. Evolución del liderazgo: de gestor operativo a estratega aumentado

Los artículos coinciden en que los líderes deben evolucionar desde un enfoque principalmente operativo hacia uno más estratégico y tecnológico. A medida que la IA asume tareas analíticas y administrativas, el liderazgo moderno exige integrar estas herramientas en la toma de decisiones diaria, reimaginar procesos y modelos de trabajo, y conducir organizaciones más ágiles, digitales y orientadas a datos. En definitiva, el liderazgo del futuro se construye sobre la capacidad de trabajar en conjunto con la IA, y no simplemente de supervisarla.

  1. El liderazgo del cambio como competencia central

La adopción de IA dependerá más de un cambio cultural que de la tecnología en sí. Los estudios coinciden en que los mayores desafíos están en el liderazgo y en la implementación, no en las capacidades técnicas de los equipos. En este contexto, los ejecutivos deben convertirse en verdaderos agentes de cambio: guiar la transición hacia modelos de trabajo aumentados por IA, desarrollar habilidades internas y gestionar la resistencia, además de comunicar una visión clara y motivadora que impulse la transformación.

  1. Colaboración “humano–IA” como fuente de ventaja competitiva

La ventaja competitiva no provendrá de reemplazar personas con IA, sino de integrar ambas capacidades de forma complementaria. Para ello, los ejecutivos deben comprender cuándo recurrir a la IA y cuándo aplicar el juicio humano, interpretar con criterio las recomendaciones algorítmicas y construir flujos de trabajo híbridos que articulen personas y tecnología. El resultado es una organización más productiva, ágil y estratégica.

  1. Mayor relevancia de las habilidades humanas

A medida que la IA asume tareas analíticas, las habilidades humanas adquieren aún mayor relevancia. Competencias como la inteligencia emocional, la comunicación, el liderazgo empático, la gestión de relaciones y la resolución de conflictos se vuelven esenciales para guiar equipos y sostener culturas organizacionales efectivas. En este contexto, el liderazgo moderno será, paradójicamente, más humano, no menos.

  1. Ética, gobernanza y responsabilidad

La expansión de IA trae riesgos éticos relacionados con sesgos, transparencia, seguridad y privacidad. Los líderes deberán implementar marcos éticos, supervisar el uso adecuado de IA y generar confianza con empleados, clientes y reguladores.

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Competencias esenciales del nuevo ejecutivo de la era IA

  • Capacidades técnicas
  • Fluidez en IA aplicada
  • Dominio de datos
  • Evaluación de herramientas tecnológicas
  • Capacidades humanas
  • Empatía, comunicación, liderazgo colaborativo
  • Gestión del cambio
  • Toma de decisiones complejas
  • Capacidades organizacionales
  • Rediseño de procesos con IA
  • Construcción de culturas de aprendizaje continuo
  • Gobernanza ética de IA

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CONCLUSIÓN

La IA redefine lo que significa liderar. Los nuevos ejecutivos deben convertirse en:

– Augmented leaders: líderes potenciados por IA.

– Change-makers: expertos en transformación cultural y tecnológica.

– Human-centric strategists: capaces de unir datos, personas y visión.

Ethical stewards: responsables del uso correcto de la IA.

* Desde Deck & Partners, elaboramos este documento integrando los hallazgos más relevantes de dos estudios recientes —Superagency in the Workplace de McKinsey y AI and Leadership: Redefining Managerial Roles in the Digital Age de IgniteHCM— con el propósito de ofrecer una mirada experta sobre los desafíos y oportunidades que la IA introduce en la gestión del talento y en el mundo laboral.